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Factores que dificultan la adopción del vehículo eléctrico en Europa

Los principales motivos por los que los europeos no se deciden por la compra de un coche eléctrico son la «autonomía» y el «precio».

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Imagen Joan Bonet
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Coche eléctrico

El último estudio realizado por El Observador Cetelem en colaboración con el Gabinete de estudios y consultoría BIPE y TNS Sofres desvela que a pesar de que el 71% de los encuestados del mercado europeo se declaran interesados por el vehículos eléctrico y prácticamente el 60% prevé adquirir uno en el futuro, los principales motivos por los que no se deciden por la compra de un coche eléctrico son la «autonomía» y el «precio».

Rusia y Turquía son los dos países que muestran mayor interés por esta tecnología, en torno al 90%, seguidos por los italianos, portugueses y españoles, donde alrededor de un 80% de los encuestados manifestó su interés por el coche eléctrico. Francia y Reino Unido son los más escépticos, con un registro de menos del 60%.

Lo cierto es que el vehículo eléctrico goza de una imagen positiva: siete de cada diez europeos opina que se trata de una tecnología, ante todo, «ecológica», siendo los españoles los que destacan por encima de la media europea con un registro del 80%. Por el contrario, el mercado Turco lo considera más «económico» que «ecológico», concretamente un 67% vs el 48% de los encuestados.

Por lo que hace referencia a los compradores potenciales, el vehículo eléctrico presenta diferencias entre los países que participaron en la encuesta en cuanto a su intención de compra. Rusia y Turquía registran un 76% y un 82% respectivamente, contrariamente a lo que sucede en el mercado británico por ser el menos receptivo con sólo un porcentaje del 30% de interesados respecto al total. Los españoles y los franceses ocupan el 2º y 3º puesto, con un registro del 41% y 43% respectivamente.

El precio y la autonomía son los principales puntos débiles respecto a la tecnología térmica. Un 41% de los europeos opina que el coche eléctrico es demasiado caro y un 37% que la autonomía no es suficiente. Así mismo, el 16% de los encuestados manifestó su desconfianza, lo que viene a ser el tercer motivo de desinterés, siendo el tiempo de recarga el cuarto con un registro del 15% de los encuestados. La falta de medios para recargar el vehículo y la falta de potencia son factores que afectan en menor medida a la opinión desfavorable por el vehículo eléctrico.

Soluciones para mejorar el precio y la autonomía del vehículo eléctrico

Por lo que respecta al precio ya sabemos qué es lo que debemos hacer: reducir costes y optimizar la producción. Sin embargo, ¿qué debe ocurrir con la autonomía del vehículo? En ocasiones, este aspecto parece ocultarse, porque, de alguna manera, incomoda.

Si un vehículo eléctrico tuviese, como mínimo, la misma autonomía que un vehículo de motor de combustión, ya sería aceptado por los compradores, pero ¿qué es lo que influye en la autonomía? En realidad, para optimizar un resultado  siempre hay que llegar a un equilibrio. En este caso, el equilibrio debe darse entre el tamaño, el consumo y el rendimiento de los dos elementos principales del vehículo: motor y acumuladores. Es la clave del éxito.

El motor eléctrico, comparándolo con un motor de combustión interna, tiene algo muy a su favor: el rendimiento. El motor de combustión interna parte de un movimiento lineal alternativo, para transformarse en movimiento rotatorio. En esta transformación del movimiento se pierde una gran cantidad de energía y reduce mucho su rendimiento. Este aspecto se quiso evitar con el motor rotativo de combustión interna tipo Wankel, pero que no caló hondo debido a sus delicadas operaciones de reparación necesarias.

El rendimiento de un motor de combustión interna Otto, alimentado con gasolina, está entre el 20% y el 25%, mejorado por los motores Diesel. En el segundo caso, el rendimiento asciende sobre el 40%, en perjuicio de los peligrosos y problemáticos residuos contaminantes de la combustión de este tipo de combustible. El resto de la energía generada por la combustión se pierde en forma de calor y no se aprovecha. Estos valores están sobradamente superados por los motores eléctricos, con los que el rendimiento supera fácilmente el 75%.

Respecto al tamaño del motor eléctrico necesario para mover un vehículo de las características a las que estamos acostumbrados y con unas prestaciones similares a las de los vehículos de motor de combustión, no supone un problema, ya que en realidad deberá tener un tamaño y  peso menor  que el motor a explosión.

Sin embargo, los problemas suceden con el proceso de almacenamiento de la corriente. Las baterías, capaces de hacer funcionar un motor eléctrico, con una autonomía igual o superior a la de un vehículo con motor de combustión, deberían tener un tamaño y un peso muy superior a la que suele tener un depósito de combustible, para alimentar y garantizar la autonomía que consideramos mínima en un vehículo con motor de combustión. La tecnología y materiales utilizados para construir los acumuladores de corriente son el determinante final de su tamaño y peso.

Otra característica determinante en la autonomía y la usabilidad de los vehículos eléctricos es la velocidad de recarga de la energía. En los vehículos con motor de combustión el tiempo de recarga de combustible es apenas de un par de minutos, a diferencia del tiempo de recarga de las baterías eléctricas que puede estar en torno a una docena de horas.

Parece que todos padecemos de una especie de angustia infundada por el miedo a quedarnos sin carga en las baterías de nuestros dispositivos electrónicos. La autonomía de las baterías, el tiempo de recarga y la facilidad para realizarla son aspectos determinantes en nuestras decisiones. Hasta que los aspectos comentados no se mejoren, los vehículos eléctricos seguirán siendo injustamente despreciados por parte de muchos posibles compradores.

IMAGEN: ELLIOTT BROWN (CC BY 2.0)

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